No habías llegado a almorzar con nosotros, por lo que te habíamos ido a buscar a la cordillera, donde don Pedro, hombre de campo ya de más de ochenta años dedicados al pastoreo, venta de leña y arriendo de caballos, a los cuales semanalmente visitabas para revisar y colocar sus herraduras.
Repentinamente hacia el norte, en la falda de una colina, dos potrancas retozan. Tu mamá exclama "allá está la Maca". Es cierto. Veo tu figura levantando los brazos y corriendo entre ellas tal como lo hacías con tu caballo Khan Khan.
Los animales se detienen. Ahora pastan.
Bajamos a la ciudad.
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